Ulises
Ulises Al volverse escudriñó el sur de la playa, hundiéndose lentamente otra vez sus pies en hoyos nuevos. La fría sala abovedada de la torre espera. Los dardos de luz siempre se mueven a través de las troneras, siempre lentamente, tal como mis pies se hunden, se deslizan hacia el crepúsculo sobre el reloj de sol en el suelo. Crepúsculo azul, anochecer, profunda noche azul. En la oscuridad de la bóveda ellos esperan, sus sillas removidas, mi maleta obelisco, alrededor de una mesa de vajilla abandonada. ¿Quién va a limpiarla? Él tiene la llave. No dormiré allí cuando llegue la noche. La puerta cerrada de una torre silenciosa sepultando sus cuerpos ciegos, el sahibpantera y su perdiguero. Llamada: no contestan. Levantó sus pies de la succión del suelo y volvió por el muelle de pedrejón. Toma todo, guarda todo. Mi alma camina conmigo, forma de formas. Así, cuando la luna está en la mitad de sus veladas nocturnas, recorro el sendero sobre las rocas de un gris plateado, escuchando la tentadora marea de Elsinor.
La marea me sigue. Puedo observarla cómo crece alejándose. Vuelve entonces por el camino de Poolberg[37] hasta la playa. Trepó por encima de los juncos y algas viscosas, y se sentó sobre una roca plana, haciendo descansar su garrote de fresno en un hueco de la erosión.