Ulises
Ulises El cadáver hinchado de un perro se apoyaba sobre un alga negra. Delante de él, la regala de un bote, hundida en la arena. Un coche ensablé. Así llamaba Louis Veuillot[38] a la prosa de Gautier. Estas arenas pesadas son el lenguaje que el viento y la marea han infiltrado aquí. Y allí los montones de piedras de constructores muertos, un vivero de comadrejas. Esconder oro allí. Inténtalo. Tú tienes. Arenas y piedras. Peso del pasado. Juguetes de sir Lout[39]. Cuidado, no vayas a recibir un golpe en la oreja. Soy el gigante que hace patapún con el maldito patapún del pedrejón huesos para el apoyo de mis pasos. ¡Bu! Huelo la zangre de un irlandéz.
Un punto vivo crece a la vista, perro que corre a través de la arena. Señor, ¿irá a morderme? Respeta su libertad. No serás el dueño de otros ni su esclavo. Tengo mi bastón. Siéntate tieso. Desde más lejos, andando al través hacia la orilla, remontando la marea encrespada, siluetas, dos. Las dos marías. Se han escondido entre los juncos. Escondite. Os veo. No, al perro. Corre de vuelta a ellas. ¿Quién?