Ulises
Ulises Marisqueadores. Vadearon un pequeño trecho en el agua e, inclinándose, zambulleron sus sacos y, habiéndolos retirado, salieron del agua. El perro gruñó corriendo hacia ellos, se irguió hacia ellos y los manoteó, dejándose caer sobre sus cuatro patas, enderezándose de nuevo con mudas caricias ásperas. Despreciado los siguió hacia la arena más seca, un andrajo de lengua de lobo jadeando roja de sus quijadas. Su cuerpo manchado amblaba delante de ellos, saltando luego con galope de ternero. El cadáver se hallaba en su camino. Se detuvo, olfateó, anduvo a su alrededor, a hurtadillas, hermano, husmeando más cerca, rodeándole, olfateando rápidamente como un perro todo el perro muerto caÃdo arrastrado. Cráneo de perro, olfateo de perro, ojos sobre el suelo, se mueve hacia un gran objetivo. ¡Ah, pobre cuerpo de perro! Aquà yace el cuerpo del pobre cuerpo de perro.
—¡Pingajos! Fuera de ahÃ, mestizo.