Ulises
Ulises Es lo que Tomás de Aquino el barrigudo llama delectación morosa[49], frate porcospino. Antes de la caÃda Adán copulaba sin gozar. Déjalo que brame: tu cuerpo es exquisito. No hay lenguaje que sea un ápice peor que el suyo. Palabras de monje, cuentas de rosario farfullan sobre sus barrigas: palabras de bellaco, rudas pepitas resuenan en sus bolsillos.
Ahora pasan.
Una mirada de reojo a mi sombrero de Hamlet. ¿Si me quedara súbitamente desnudo aquà mismo donde estoy sentado? No lo estoy. A través de las arenas de todo el mundo, seguida hacia el oeste por la espada llameante del sol, emigrando hacia tierras crepusculares. Ella marcha agobiada, schleppea, traÃna, dragina, trascina su carga. Una marea hacia el oeste, selenearrastrada, en su estela. Mareas, dentro de ella, miriadinsula, sangre no mÃa, oinopa ponton, un mar vino oscuro. He aquà la criada de la luna. En sueños el signo lÃquido le dice su hora, le ordena abandonar el lecho. Lecho nupcial natal mortal, cirioespectroiluminada. Omnis caro ad te veniet[50]. Él viene, pálido vampiro, atravesando la tormenta sus ojos, su velamen de murciélago navega ensangrentando el mar, boca al beso de su boca.
Vamos. Tomémoslo al vuelo, ¿quieres? Mis tabletas. Boca a su beso. No. Debe de haber dos. Pégalas bien. Boca al beso de su boca.