Ulises
Ulises Cargando sus sacos sobre los hombros, caminaban trabajosamente los rojos egipcios. Sus pies azulados, asomando fuera de pantalones remangados, golpeteaban la arena viscosa, una bufanda ladrillo oscuro estrangulando sus cuellos sin afeitar. Con pasos de mujer seguía ella: el rufián y su errante concubina. En la espalda de ella colgaba su botín. La arena suelta y las conchas trituradas se incrustan en sus pies desnudos. El cabello flotaba alrededor de su cara pelada por el viento. Tras su señor su ayudante, marchan hacia Romeville. Cuando la noche oculta los defectos de su cuerpo voceante bajo un manto castaño a través de un pasaje donde los perros encenagan. Su chulo convida a dos del Real Dublín[48] en el bar de O’Loughlin’s de Blackpitts. Bésala, ámala con la distinción de un bellaco, oh mi dulce puta adorable. Una endemoniada blancura de arpía bajo sus trapos rancios. El callejón de Fumbally esa noche: los olores de la curtiduría.
Blancas tus manos, roja tu boca,
Tu cuerpo delicado es exquisito;
Ven a dormir tendida conmigo;
Y en lo oscuro besarse y abrazarse.