Ulises
Ulises Vamos. Sediento. Se está nublando. No hay nubes negras en ningún lado, ¿no es así? Tormenta de truenos[64]. Todo luminoso él cae, orgulloso relámpago del intelecto, Lucifer, dico, qui nescit occasum. No. Mi sombrero y mi báculo de peregrino, y sus sandalias mías. ¿Dónde? A tierras crepusculares. El crepúsculo se encontrará a sí mismo.
Asió su garrote por la empuñadura, dando blandas estocadas prolongando el entretenimiento. Sí, el crepúsculo se reencontrará en mí, sin mí. Todos los días dan con su fin. A propósito, ¿cuándo es el próximo? El martes será el día más largo[65]. De todo el alegre año nuevo, madre, el plan, plan, rataplán, plan. Lawn Tennyson[66], poeta caballero. Già. Para la vieja bruja de los dientes amarillos. Y monsieur Drumont, periodista caballero. Già. Mis dientes están muy mal. ¿Por qué?, me lo pregunto. Sintamos. Ése se va también. Conchas. ¿Debería ir a un dentista, digo yo, con ese dinero? Ése. Kinch el desdentado, el superhombre. ¿Por qué, me pregunto, o quizá eso significa algo?
Mi pañuelo. Él lo tiró. Me acuerdo. ¿No lo he recogido?
Su mano hurgó en vano los bolsillos. No, no lo he recogido. Mejor comprar uno.
Depositó cuidadosamente el moco seco que sacó de su nariz sobre un borde de la roca. Últimamente, qué me importa que me miren.