Ulises
Ulises Horas de la tarde, jóvenes en gasa gris. Horas de la noche, negras con dagas y antifaces. Poética idea rosa, luego dorada, luego gris, luego negra. Y de acuerdo con la vida también. El día, luego la noche.
Rasgó bruscamente la mitad del cuento premiado y se limpió con él. Luego se ciñó los pantalones, reajustó los tirantes y se abrochó los botones. Abrió de un empujón la crujiente puerta desvencijada y emergió de la penumbra hacia el aire libre.
En la luz clara, aligerado y fresco de miembros, examinó cuidadosamente sus pantalones negros, los bajos, las rodillas, la curva de las rodillas. ¿A qué hora es el entierro? Mejor consultar el periódico.
Un chirrido y un oscuro zumbido en el aire allá arriba. Las campanas de la iglesia de San Jorge. Señalaban la hora: oscuro hierro resonante.
¡Digadón! ¡Digagón!
¡Digadón! ¡Digadón!
¡Digadón! ¡Digadón!
Menos cuarto. Una vez más: la armonía siguiendo a través del aire. Un tercero.
¡Pobre Dignam!