Ulises
Ulises Se dio la vuelta y echó a andar despacio atravesando la calle. ¿Cómo caminaba ella con sus salchichas? Como esa cosa. Mientras caminaba sacó el Freeman doblado de su bolsillo del costado, lo desdobló, lo arrolló a lo largo como un bastón y lo golpeó, a cada uno de sus pasos lentos, contra la pierna de su pantalón. Aire despreocupado: basta entrar para ver. Por segundo, por segundo. Por segundo quiere decir a cada segundo. Desde la acera lanzó una mirada penetrante a través de la puerta de la oficina de correos. Buzón de última hora. El correo aquí. Nadie. Adentro.
Alargó la tarjeta a través del enrejado de bronce.
—¿Hay alguna carta para mí? —preguntó.
Mientras la encargada examinaba un casillero él observó el cartel de reclutamiento con soldados de todas las armas desfilando y apoyó la punta de su bastón contra las ventanas de la nariz, oliendo papel de periódico recién impreso. Probablemente ninguna respuesta. Fui demasiado lejos la última vez.
La encargada le devolvió su tarjeta con una carta a través del enrejado. Él dio las gracias y echó una rápida ojeada al sobre escrito a máquina:
Señor Henry Flower
c/o P.O., Westland Row,
Ciudad.