Ulises
Ulises Una respuesta en cualquier caso. Deslizó la tarjeta y la carta dentro del bolsillo lateral, volviendo a mirar los soldados alineados en el desfile. ¿Dónde está el regimiento del viejo Tweedy? Soldado dado de baja. AllÃ: morrión y penacho. No, es un granadero. Puños puntiagudos. Allà está: fusileros reales de DublÃn[7]. Chaquetas rojas. Demasiado llamativo. Por eso debe de ser que las mujeres van detrás de ellos. Uniforme. Fácil alistarse y hacer ejercicios. La carta de Maud Gone acerca de prohibirles la calle O’Connell[8] de noche: vergüenza de nuestra capital irlandesa. El diario de Griffith persigue ahora el mismo objeto: un ejército podrido de enfermedades venéreas: imperio de ultramar o de semimarultra. Parecen a medio hervir: como hipnotizados. Vista al frente. Marquen el paso. Mesa: esa. Cama: ama. Los del Rey. Nunca lo vi engalanado como un bombero o un vigilante. Como masón, sÃ[9].
Salió despreocupadamente de la oficina de correos y dobló hacia la derecha. Charla: como si eso arreglara las cosas. Metió la mano en el bolsillo y el dedo Ãndice se abrió camino bajo el ala del sobre rasgándolo a tirones. Las mujeres le prestarán mucha atención, no lo creo. Sus ojos sacaron la carta y arrugaron el sobre en el bolsillo. Algo prendido: fotografÃa tal vez. ¿Cabello? No.
M’Coy. Desembarázate de él en seguida. Me saca de mi camino. Detesto la compañÃa cuando tú.