Ulises

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La fábrica de gas[16]. Dicen que cura la tos convulsa. Menos mal que Milly nunca la tuvo. ¡Pobres criaturas! Los hace doblar en dos, negros y azules convulsos. Una verdadera injusticia. Relativamente lo pasó muy bien en lo que se refiere a enfermedades. Solamente el sarampión. Té de linaza. Epidemias de escarlatina, gripe. Representantes de la muerte. No pierdas esta oportunidad. Por aquí anda la casa de los perros. ¡Pobre viejo Athos! Sé bueno con Athos, Leopold, es mi último deseo. Tu voluntad sea cumplida. Los obedecemos en el sepulcro. Un garabato agonizante. Se lo tomó a pecho, se consumió. Bestia tranquila. Los perros de los señores viejos generalmente lo son.

Una gota de lluvia le escupió en el sombrero. Se hizo atrás y vio la rociada de un chaparrón sobre las baldosas grises. Separadas. Notable. Como a través de un colador. Me lo imaginé. Recuerdo ahora que mis botines crujían.

—El tiempo está cambiando —dijo apaciblemente.

—Es una lástima que se haya descompuesto —agregó Martin Cunningham.

—Es necesario para el campo —dijo el señor Power—. Ahí está saliendo el sol otra vez.

El señor Dedalus, atisbando a través de sus gafas el sol velado por las nubes, lanzó una muda imprecación al cielo.


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