Ulises

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Al dar la vuelta por Berkeley Street, cerca de la fuente, un organillo callejero envió hacia ellos, persiguiéndolos, un travieso canto retozón de café-concierto. ¿Ha visto alguien a Kelly?[39]. Ka e elle i griega. Marcha fúnebre de Saúl. Es tan malo como el viejo Antonio. Que vende helados de antimonio. ¡Pirueta! El Mater Misericordiae. Eccles Street. Por ahí mi casa. Gran lugar. Hospicio para incurables. Muy alentador. El Hospicio de Nuestra Señora para los agonizantes. Depósito de muertos bien a mano, abajo. Donde murió la vieja señora Riordan. Quedan terriblemente las mujeres. Su plato sopero y frotándose la boca con la cuchara. Luego el biombo alrededor de la cama para que se muera. Simpático estudiante joven que me curó la picadura de abeja que tuve. Se fue a la maternidad del hospital, me dijeron. De uno a otro extremo.

El coche tomó una curva al galope: se detuvo.

—¿Qué ocurre ahora?

Una manada de ganado marcado, dividida en dos por el coche, pasó ante las ventanillas, los animales marchando cabizbajos sobre acolchados cascos meneando los rabos lentamente sobre sus huesudas grupas llenas de cascarrias. Entre ellos y rodeándolos corrían las ovejas embarradas, blando su miedo.

—Emigrantes —dijo el señor Power.


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