Ulises
Ulises —¡Ea!… —gritó la voz del pastor, haciendo resonar su látigo sobre los flancos—. ¡Uuuu…! ¡Fuera!
Jueves naturalmente. Mañana es dÃa de matanza. Novillos. Cuffe[40] los vendió alrededor de veintisiete cada uno. Para Liverpool probablemente. Asado para la vieja Inglaterra. Compran los más suculentos. Y luego se pierde el quinto cuarto; todos los subproductos: cuero, cerda, astas. Se convierte en algo importante al cabo de un año. Comercio de carne muerta. Materia prima de los mataderos para curtidurÃas, jabón, margarina. Me gustarÃa saber si todavÃa hace negocio con la carne podrida del tren en Clonsilla.
—No puedo comprender por qué la corporación no tiende una lÃnea férrea desde la entrada del parque hasta los muelles —dijo el señor Bloom—. Todos esos animales podrÃan ser llevados en vagones hasta los barcos.
—En vez de obstruir el tránsito —agregó el señor Cunningham—. Tiene razón. TendrÃan que hacerlo.
—Sà —convino el señor Bloom—, y otra cosa en que pienso a menudo, ¿sabéis?, es en tener tranvÃas fúnebres municipales como los de Milán. Sus lÃneas llegan hasta las puertas del cementerio, y tienen tranvÃas especiales que incluyen el coche mortuorio, el de duelo y demás. ¿Entendéis lo que quiero decir?