Ulises
Ulises El señor Kernan agregó:
—El servicio de la iglesia irlandesa utilizado en Mount Jerome es más sencillo, más imponente, dirÃa.
El señor Bloom dio prudente asentimiento. El lenguaje era naturalmente otra cosa.
El señor Kernan dijo con solemnidad:
—Soy la resurrección y la vida. Eso llega a lo más Ãntimo del corazón humano.
—Es verdad —afirmó el señor Bloom.
Tu corazón tal vez; pero ¿qué le importa al tipo metido bajo tierra haciéndole raÃces a las margaritas? No le alcanza. Asiento de los afectos. Corazón destrozado. Una bomba después de todo, bombeando miles de galones de sangre cada dÃa. Un buen dÃa se atasca y estás listo. Por aquà los hay a montones: pulmones, corazones, hÃgados. Viejas bombas enmohecidas: lo demás son cuentos. La resurrección y la vida. Una vez muerto estás bien muerto. La idea del juicio final. Hacerlos salir a todos de sus tumbas. ¡Levántate y anda, Lázaro! Y llegó quinto[60] y perdió el empleo. ¡Levántate! ¡Es el último dÃa! Luego cada uno de los tipos ratoneando por ahà su hÃgado y sus bofes y el resto de sus bártulos. ¡Como para encontrar todos sus cachivaches esa mañana! Un pennyweight de polvo en un cráneo. Doce gramos un pennyweight. Medida Troy[61].
Corny Kelleher se les colocó al lado.
—Todo salió de primera —dijo—. ¿Qué?