Ulises
Ulises Emocionado, comenzó a llorar para sà calladamente, tropezando un poco en su marcha. El señor Power lo tomó del brazo.
—Ella está mejor ahà —dijo con afecto.
—Supongo que sà —exclamó el señor Dedalus con un débil sollozo—. Imagino que está en el cielo, si es que hay cielo.
Corny Kelleher se apartó de la fila y dejó pasar a los acompañantes.
—Tristes momentos —empezó el señor Kernan cortésmente.
El señor Bloom cerró los ojos e inclinó la cabeza tristemente dos veces.
—Los otros se están poniendo el sombrero —dijo el señor Kernan—. Supongo que nosotros lo podemos hacer también. Somos los últimos. Este cementerio es un lugar traicionero.
Se cubrieron las cabezas.
—El reverendo caballero ha leÃdo el servicio demasiado rápido, ¿no le parece a usted? —dijo el señor Kernan con un tono de reproche.
El señor Bloom asintió gravemente con la cabeza, mirando dentro de los rápidos ojos inyectados de sangre. Ojos secretos, escudriñadores ojos secretos. Masón, creo: no estoy seguro. Al lado de él otra vez. Somos los últimos. En el mismo barco. Espero que diga alguna otra cosa.