Ulises
Ulises —TodavÃa lo es —observó Ned Lambert—. Él es corredor de anuncios.
Los grandes ojos de John Henry Menton miraron hacia adelante.
El carromato torció por un sendero lateral. Un hombre corpulento, medio oculto entre las plantas, saludó con el sombrero. Los sepultureros se llevaron la mano a la gorra.
—John O’Connell[64] —dijo el señor Power, complacido—. Él nunca se olvida de un amigo.
El señor O’Connell estrechó la mano a todos en silencio. El señor Dedalus dijo:
—Voy a venir a hacerte otra visita.
—Mi querido Simon —contestó el guardés en voz baja—, no te quiero como cliente de ninguna manera.
Saludando a Ned Lambert y a John Henry Menton anduvo al lado de Martin Cunningham haciendo sonar dos llaves con las manos a la espalda.
—¿Habéis oÃdo eso de Mulcahy de la Coombe? —les preguntó.
—Yo no —dijo Martin Cunningham.
Inclinaron sus sombreros de copa a la vez y Hynes arrimó la oreja. El guardés colgó sus dedos pulgares en los eslabones de oro de su cadena del reloj y habló en un tono discreto a sus sonrisas vacÃas.