Ulises
Ulises —Dicen —empezó— que dos borrachos vinieron una tarde brumosa para buscar la tumba de un amigo. Preguntaron por Mulcahy de la Coombe y les dijeron dónde estaba enterrado. Después de andar tropezando entre la neblina encontraron al fin la sepultura. Uno de los borrachos deletreó el nombre: Terence Mulcahy. El otro borracho le hacÃa guiños a una estatua de nuestro Salvador, que la viuda habÃa hecho poner allÃ.
El guardés señaló guiñando un ojo a uno de los sepulcros frente a los cuales pasaban. Volvió a tomar el hilo:
—Y después de dar una ojeada a la sagrada figura, dijo: No se le parece un cuerno. Ése no es Mulcahy. No me importa quien lo haya hecho.
Recompensado por sonrisas se hizo atrás y habló con Corny Kelleher recibiendo los formularios que éste le dio, dándolos vuelta y examinándolos mientras caminaba.
—Eso lo dijo con alguna intención —explicó Martin Cunningham a Hynes.
—Me di cuenta —dijo Hynes—, ya sé.
—Para levantar el ánimo al tipo —agregó Martin Cunningham—. Es un corazón pura bondad. Al demonio todo lo demás.