Ulises
Ulises El guardés se apartó unos pasos y se puso el sombrero. Ya tenÃa bastante. Los deudos se rehicieron uno por uno, cubriéndose sin ostentación. El señor Bloom se puso el sombrero y vio cómo la imponente figura se abrÃa paso hábilmente a través del laberinto de tumbas. Con calma, seguro del terreno que pisaba, cruzó los lúgubres campos.
Hynes anotando algo en su libreta. ¡Ah!, los nombres. Pero él los sabe todos. No: viene hacia mÃ.
—Estoy tomando los nombres —dijo Hynes en voz baja—. ¿Cuál es el tuyo de pila? No estoy seguro.
—L —dijo el señor Bloom—, Leopold. Y podrÃas anotar también el de M’Coy. Me pidió que lo hiciera.
—Charley —dijo Hynes escribiendo—. Ya sé. En una época estuvo en el Freeman.
Eso fue antes de conseguir el empleo en el depósito de cadáveres a las órdenes de Louis Byrne. Buena idea hacer la autopsia a los médicos. Averiguar qué es lo que se imaginan que saben. Murió en martes. Se dio el bote. Se alzó con el dinero de unos cuantos anuncios. Charley, eres mi tesoro. Por eso me pidió que. ¡Oh!, bueno, no tiene nada de malo. Me ocupé de ello. M’Coy. Gracias, viejo: muy agradecido. Lo dejo debiéndome un favor: no cuesta nada.
—Y dime —preguntó Hynes—, ¿conoces a ese tipo con, el tipo que estaba con el…