Ulises
Ulises —Gracias —dijo secamente.
Siguieron caminando hacia los portones. El señor Bloom, cariacontecido, retrocedió unos pocos pasos para no oÃr lo que iban hablando. Martin dictando la ley. Martin podrÃa envolver una cabeza de tonto como ésa alrededor de su dedo meñique sin que él se diera cuenta.
Ojos de ostra. No importa. Tal vez se arrepienta después cuando se dé cuenta. Asà se hace uno con él.
Gracias. Qué magnánimos estamos esta mañana.