Ulises
Ulises El profesor MacHugh cruzó el salón a zancadas y asió a uno de los chicos por el cuello, mientras los otros se escabullÃan fuera del pasillo escaleras abajo. Las hojas de papel crujieron en la corriente; garabatos azules flotaron suavemente en el aire y aterrizaron debajo de la mesa.
—No he sido yo, señor. Ha sido el grandote que me ha empujado, señor.
—Arrójalo fuera y cierra la puerta —dijo el director—. Está soplando un huracán.
Lenehan se puso a manotear las hojas de seda del suelo, refunfuñando al agacharse dos veces.
—Estamos esperando el extra de las carreras, señor —dijo el chico—. Ha sido Pat Farrell que me ha empujado, señor.
Señaló dos rostros que atisbaban por el marco de la puerta.
—Él, señor.
—¡Fuera de aquÃ! —dijo el profesor MacHugh ásperamente.
Empujó al muchacho afuera y cerró la puerta de golpe.
J. J. O’Molloy hojeaba la colección haciendo crujir las hojas, murmurando y buscando:
—Sigue en la página seis, columna cuatro.