Ulises
Ulises —SÃ… del Evening Telegraph —decÃa por teléfono el señor Bloom desde la oficina del director—. ¿Está el patrón…? SÃ, Telegraph… ¿Adónde?… ¡Ah! ¿Qué subasta? ¡Ahá! Entiendo… Muy bien. Daré con él.
TIENE LUGAR UNA COLISIÓN
La campanilla sonó otra vez cuando él cortó la comunicación. Entró rápidamente y tropezó con Lenehan, que estaba luchando con la segunda hoja de papel de seda.
—Pardon, monsieur —dijo Lenehan, agarrándose a él un instante y haciendo una mueca.
—Es culpa mÃa —dijo el señor Bloom, aguantando el apretón—. ¿Te has hecho daño? Estoy apurado.
—La rodilla —murmuró Lenehan.
Hizo una cómica mueca y lloriqueó, frotándose la rodilla.
—La acumulación de los anno Domini.
—Lo siento —dijo el señor Bloom.
Se dirigió a la puerta y, sosteniéndola entreabierta, se detuvo. J. J. O’Molloy hacÃa pasar ruidosamente las pesadas páginas. Los muchachos sentados en los escalones de la salida hacÃan llegar el eco de dos voces agudas y el sonido de una armónica por el corredor vacÃo.
Somos los muchachos de Wexford
que pelearon con el corazón y con la mano[36].