Ulises
Ulises —Siempre fuimos leales a las causas perdidas —dijo el profesor—. Para nosotros el triunfo es la muerte del intelecto y de la imaginación. Nunca fuimos leales a los triunfadores. Los servimos. Yo enseño el retumbante latÃn. Hablo la lengua de una raza el pináculo de cuya mentalidad es la máxima: el tiempo es oro. Dominación material. ¡Dominus! ¡Lord! ¿Dónde está la espiritualidad? ¡Lord Jesús! Lord Salisbury[50]. Un sofá en un club del West End. ¡Pero los griegos!
¡KYRIE ELEISON!
Una sonrisa luminosa le hizo brillar los ojos dentro de sus discos oscuros y alargó sus largos labios.
¡Los griegos! —dijo otra vez—. ¡Kyrios![51]. ¡Palabra refulgente! Las vocales que los semitas y los sajones no conocen[52]. ¡Kyrie! La radiación del intelecto. TendrÃa que profesar el griego, lengua del espÃritu. ¡Kyrie eleison! El fabricante de letrinas y el fabricante de cloacas nunca serán los señores de nuestro espÃritu. Somos vasallos de esa caballerosidad europea que sucumbió en Trafalgar, y del imperio del espÃritu, no un imperium, que se hundió con las flotas atenienses en Egospótamos[53]. SÃ, sÃ. Se hundieron. Pirro, engañado por un oráculo, hizo una última tentativa para recuperar las fortunas de Grecia. Leal a una causa perdida.
Se alejó de ellos a grandes pasos hacia la ventana.