Ulises
Ulises Cerró un instante sus largos labios finos; pero, ansioso por continuar, levantó una mano extendida a sus gafas y, tocando con temblorosos pulgar y anular el negro armazón, las enderezó hacia un nuevo foco.
IMPROMPTU
En tono tranquilo se dirigió a J. J. O’Molloy:
—Como debes de saber, Taylor se había levantado de su lecho de enfermo. Que hubiera preparado su discurso no lo creo porque no había ni siquiera un taquígrafo en el salón. Su oscuro rostro enjuto mostraba el crecimiento de áspera barba. Llevaba una corbata suelta y todo su aspecto daba la impresión de (aunque no lo era) un hombre agonizante.
Su mirada se volvió de inmediato pero lentamente de la cara de J. J. O’Molloy a la de Stephen y luego se inclinó en seguida hacia el suelo, buscando. Su deslustrado cuello de hilo apareció detrás de la cabeza inclinada, sucio por su cabello mustio. Buscando todavía, dijo:
—Cuando hubo terminado el discurso de Fitzgibbon, John F. Taylor se levantó para contestar. Brevemente, y en la medida en que puedo recordarlas, sus palabras fueron éstas:
Levantó la cabeza con aplomo. Sus ojos reflexionaron una vez más. Estúpidos mariscos nadaban en los gruesos lentes de un lado para otro, buscando salida.
Empezó: