Ulises
Ulises —No, gracias —dijo el profesor MacHugh haciendo a un lado la pitillera con un gesto—. Espera un momento. Déjenme decir una cosa. La mejor pieza oratoria que yo haya escuchado nunca fue un discurso pronunciado por John F. Taylor[81] en la sociedad histórica universitaria. El juez Fitzgibbon, actual presidente de apelación, habÃa hablado, y el objeto del debate era un ensayo —una novedad para esos dÃas— abogando por el resurgimiento de la lengua irlandesa.
Se volvió hacia Myles Crawford y dijo:
—Usted conoce a Gerald Fitzgibbon. Entonces puede imaginarse el estilo de su discurso.
—Circula el rumor —dijo J. J. O’Molloy— de que se sienta al lado de Tim Healy en la Comisión administradora del Trinity.
—Se sienta al lado de una cosa muy dulce con traje de nena —interrumpió Myles Crawford—. Sigue. ¿Y entonces?
—Tengan en cuenta —prosiguió el profesor— que era el discurso de un orador cabal, lleno de cortés arrogancia, y vertiendo en dicción castiza, no diré las heces de su ira, pero sà el desprecio de un hombre altivo por el nuevo movimiento. Entonces era un movimiento nuevo. Éramos débiles y, por consiguiente, despreciables.