Ulises
Ulises —¡Formidable! —dijo Myles Crawford de inmediato.
—El soplo sagrado —agregó el señor O’Madden Burke.
—¿Le gusta? —preguntó J. J. O’Molloy a Stephen.
Sojuzgada su sangre por la gracia del lenguaje y del gesto, Stephen se sonrojó. Tomó un cigarrillo de la pitillera. J. J. O’Molloy ofreció su pitillera a Myles Crawford. Lenehan encendió los cigarrillos como antes y tomó su parte del botín, diciendo:
—Gracias múchibus.
UN HOMBRE DE ELEVADA MORAL
—El profesor Magennis[79] me ha hablado de usted —dijo J. J. O’Molloy a Stephen—. ¿Qué opina realmente de esa turba hermética, los poetas del ópalo callado[80]: A. E., el místico maestro? Esa mujer Blavatsky fue la que dio comienzo a todo. Era una buena bolsa vieja de triquiñuelas. A. E. ha estado contando a cierto periodista yanqui que fue usted a verlo en las primeras horas de la mañana para consultarlo acerca de los planos de la conciencia. Magennis cree que debe usted de haberle estado tomando el pelo a A. E. Ese Magennis es un hombre de la más elevada moral.
Hablando de mí. ¿Qué dijo? ¿Qué dijo de mí? No preguntes.