Ulises
Ulises —Habló sobre la ley de evidencias de la justicia romana comparada con el primitivo código mosaico —dijo J. J. O’Molloy—, la lex talionis. Y citó el Moisés de Miguel Ãngel en el Vaticano.
—¡Ah!
—Unas pocas bienescogidas palabras —agregó Lenehan a modo de prefacio—. ¡Silencio!
Pausa. J. J. O’Molloy sacó su pitillera.
Falsa calma. Una verdadera simpleza.
Messenger sacó su caja de fósforos pensativamente y encendió su cigarro.
Al recorrer en mi memoria ese extraño tiempo, he pensado a menudo que fue ese pequeño acto, trivial en sÃ, ese encender un fósforo lo que determinó todo el curso posterior de nuestras dos vidas.
UN PÃRRAFO FELIZ
J. J. O’Molloy resumió moldeando sus palabras.
—He aquà lo que dijo: esa marmórea figura, helada y terrible música con cuernos de la divina forma humana[78], ese sÃmbolo de profética sabidurÃa, afirma que si algo de lo que la imaginación o la mano del escultor ha labrado en mármol espiritualmente transfigurado en espiritual transfiguración merece vivir, merece vivir.
Su mano delgada dio gracia, con un ademán, al eco y a la terminación.