Ulises
Ulises —Grattan y Flood escribieron para este mismo diario —le gritó el director en la cara—. Voluntarios irlandeses[74]. ¿Dónde están ustedes ahora? Fundado en mil setecientos sesenta y tres. Doctor Lucas. ¿Tienen hoy a alguien como John Philpot Curran? ¡Bah!
—Bueno —dijo J. J. O’Molloy—, por ejemplo a Bushe K. C.
—¿Bushe? —exclamó el director—. Concedido, sÃ. Bushe, sÃ. Tiene sus rastros en la sangre. Kendal Bushe, o mejor dicho Seymour Bushe.
—HabrÃa conseguido su escaño[75] hace tiempo —replicó el profesor— si no fuera por… Pero no importa.
J. J. O’Molloy se volvió hacia Stephen y le dijo lenta y calmosamente:
—Uno de los discursos más brillantes que creo haber escuchado en toda mi vida salió de los labios de Seymour Bushe. Fue en ese caso de fratricidio, el crimen de Childs. Bushe lo defendió.
Y en los pabellones de mis oÃdos vertió[76].
Entre paréntesis, ¿descubrió eso? Murió mientras dormÃa ¿o fue la otra historia, la bestia de dos espaldas?
—¿Cómo fue eso? —preguntó el profesor.
ITALIA, MAGISTRA ARTIUM[77]