Ulises
Ulises —¡Manco adúltero![92] —gritó el profesor—. Me gusta eso. Veo la idea. Entiendo lo que quieres decir.
DAMAS DONAN CIUDS DE DUBLĂŤN RAPIDOPĂŤLDORAS
VELOCIDOSOS AEROLITOS, OPINIÓN
—Les da tortĂcolis en el cuello —dijo Stephen— y están demasiado cansadas para mirar hacia arriba o hacia abajo o para hablar. Ponen la bolsa de ciruelas entre ellas y comen las que sacan una despuĂ©s de otra, secando con sus pañuelos el jugo que gotea de sus bocas, escupiendo los huesos lentamente por entre las rejas.
Lanzó de pronto una ruidosa carcajada juvenil como punto final. Lenehan y el señor O’Madden Burke, escuchando, se dieron la vuelta, hicieron señas y cruzaron dirigiendo la marcha hacia Mooney.
—¿Terminó? —dijo Myles Crawford—. Mientras no hagan nada peor…
SOFISTA GOLPEA ARROGANTE HELENA JUSTO EN LA TROMPA. ESPARTANOS RECHINAN MOLARES. ITAQUENSES DECLARAN PEN ES CAMPEÓN
—Me recuerdas a AntĂstenes[93] —dijo el profesor—, un discĂpulo de Gorgias, el sofista. Se cuenta de Ă©l que nadie podĂa decir si era más amargo contra los demás o contra sĂ mismo. Era el hijo de un noble y de una esclava. Y escribiĂł un libro en que arrebatĂł la palma de la belleza de la argiva Helena y se la entregĂł a la pobre PenĂ©lope.