Ulises
Ulises Abriendo su bolso, cuero pelado, aguja del sombrero: tendrÃan que tener algo que recubriera esas cosas. Se lo meten en el ojo de cualquier tipo del tranvÃa. Hurgando. Abierto. Dinero. Por favor, sÃrvase uno. Diablos si pierden una moneda. Arman un lÃo. El marido la marea. ¿Dónde están los diez chelines que te di el lunes? ¿Estás alimentando a la familia de tu hermanito? Pañuelo sucio: botelladerremedio. Tal vez pastilla cayó. ¿Qué es lo que ella…?
—Debe de haber luna nueva —dijo—. Siempre está mal entonces. ¿Sabe lo que hizo anoche?
Su mano dejó de revolver. Sus ojos se fijaron en él, abiertos y alarmados, aunque sonrientes.
—¿Qué? —preguntó el señor Bloom.
Déjala hablar. MÃrala bien a los ojos. Te creo. ConfÃa en mÃ.
—Me despertó en mitad de la noche —siguió—. Un sueño que habÃa tenido, una pesadilla.
Indiges.
—Dijo que el as de espadas estaba subiendo las escaleras.
—¡El as de espadas! —exclamó el señor Bloom.
Ella sacó de su cartera una postal doblada.
—Lea eso —dijo—. Lo ha recibido esta mañana.