Ulises

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Toda la población de una ciudad desaparece, otra la reemplaza, falleciendo también; otra viniendo, yéndose. Casas, líneas de casas, calles, millas de pavimentos, ladrillos apilados, piedras. Cambiando de manos. Este propietario, aquél. Dicen que el propietario nunca muere. Siempre hay un sustituto para el desahuciado. Compran el lugar con oro y sin embargo todavía tienen todo el oro. Lo estafan en alguna parte. Amontonado en ciudades, gastado edad tras edad. Pirámides en arena. Construidas sobre pan y cebollas. Esclavos. La muralla china. Babilonia. Quedan grandes piedras. Torres redondas. El resto cascajo, suburbios desparramados, mal edificados, las casas hongo de Kerwan[42], construidas de viento. Refugio para la noche.

Nadie es nada.

Ésta es la peor hora del día. Vitalidad. Opaca, deprimente: odio esta hora. Me siento como si me hubieran comido y vomitado.

La casa del Preboste. El reverendo Dr. Salmon[43]: salmón en lata. Bien envasado allí. No viviría dentro ni aunque me pagaran. Espero que hoy tengan hígado y tocino. La naturaleza tiene horror al vacío.

El sol se liberó lentamente y encendió destellos de luz entre la platería del escaparete de Walter Sexton[44], del lado opuesto a la cual pasaba John Howard Parnell, sin ver nada.


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