Ulises
Ulises El suave fuego del vino enardecía sus venas. Cuánto lo necesitaba. Me sentía tan indispuesto. Sus ojos recorrieron inapetentes los estantes de latas, sardinas, llamativas pinzas de langostas. Todas las cosas raras que la gente elige para comer. El contenido de conchas, bígaros con un alfiler, lejos de los árboles, caracoles de tierra que los franceses comen, sacados del mar con una carnada en el anzuelo. El pez tonto no aprende nada en mil años. Si uno no supiera sería peligroso meterse cualquier cosa en la boca. Bayas venenosas. Flor de espino. Redondez que uno cree buena. Los colores chillones son una advertencia. Uno le contó al otro y así sucesivamente. Probar primero con el perro. Guiado por el olor o la vista. Fruta tentadora. Cucuruchos de helado. Crema. Instinto. Plantaciones de naranjas, por ejemplo. Necesitan irrigación artificial. Bleibtruestrasse. Sí, pero qué me dice de las ostras. Repugnantes como un coágulo de flema. Conchas asquerosas. Endiabladas para abrir también. ¿Quién las descubrió? Se alimentan de basura, de agua de albañal. Champán y ostras de Fizz[69] del Red Bank. Efecto sobre lo sexual. Afrodita. Estaba en el Red Bank esta mañana. Era la ostra pez viejo en la mesa. Era quizá carne joven en la cama. No. Junio no tiene R ni ostras. Hay quien gusta de la caza podrida. Liebre a la cazadora. Primero caza tu liebre. Los chinos comen huevos de cincuenta años, azules y verdes otra vez. Comida de treinta platos. Cada plato inofensivo puede mezclarse adentro. Idea para un misterio de envenenamiento. Era eso el archiduque Leopold[70]. No. Sí. ¿O era Otto uno de esos Habsburgo? ¿O quién era el que acostumbraba a comer la basura de su propia cabeza? El almuerzo más barato de la ciudad. Naturalmente, aristócratas. Después los otros copian para estar a la moda. Milly también petróleo y harina. La pasta cruda me agrada a mí mismo. La mitad de las ostras que pescan las tiran de vuelta al mar para mantener alto el precio. Barato. Nadie compraría. Caviar. A lo grande. Vino del Rin en copas verdes. Hinchazón de buen tono. Lady de tal. Empolvadas perlas del pecho. La élite. Crème de la crème. Quieren platos especiales para dárselas de algo. Eremita con un plato de legumbres para reprimir los aguijones de la carne. Me conoces ven a comer conmigo. Esturión real[71]. El alguacil mayor, Coffey, el carnicero, tiene derecho sobre los venados del bosque sin pago alguno. Devuélvele la mitad de una vaca. La veo extendida en la zona de la cocina del Archivero Mayor. Chef de sombrero blanco como un rabino. Pato flambeado. Repollo crespo à la duchesse de Parme. Sería lo mismo escribirlo sobre la lista de platos así uno sabe qué es lo que ha comido demasiadas drogas arruinan el caldo. Lo sé por experiencia. Dosificándola con sopa disecada de Edward[72]. Gansos rellenos les vuelven locos. Cangrejos hervidos vivos. Psírvase un ptrozo de pchocha. No importaría ser mozo en un hotel de buen tono. Propinas, trajes de noche, damas medio desnudas. ¿Puedo tentarla con un poco más de filete de lenguado al limón, señorita Dufavor? Sí, por favor. Y ella hace el favor. Nombre hugonote supongo. Una señorita Dufavor vivía en Killiney recuerdo. Du, de la, es francés. Sin embargo es el mismo pescado, quizá el viejo Micky Hanlon de Moore Street se destripó haciendo dinero, mano sobre puño, dedo en las agallas, incapaz de escribir su nombre sobre un cheque, parecía fingir caretas con su boca torcida. M. H. A. Ignorante como sus zapatones, vale cincuenta mil libras.