Ulises
Ulises —De veras —dijo Nosey Flynn aspirando—. Era un raro pedazo de carne de caballo. Descendiente de Saint Frusquin. Ganó en una tormenta. La potranca de Rothschild, rellenas de algodón las orejas. Chaqueta azul y gorro amarillo. Mala suerte para el gran Ben Dollard y su John O’Gaunt. Me dejó en la calle. SÃ.
Bebió resignadamente, haciendo correr sus dedos por las estrÃas del vaso.
—SÃ, sà —dijo suspirando.
El señor Bloom, masticando de pie, consideró su suspiro. Respiración de buzo. ¿Le diré de ese caballo que Lenehan? Ya lo sabe. Mejor que se olvide. Va y pierde más. El tonto y su dinero. La gota de rocÃo está bajando otra vez. TendrÃa la nariz frÃa besando a una mujer. Sin embargo a ellas podrÃa gustarles. Les gustan las barbas que pican. Las narices frÃas de los perros. La vieja señora Riordan con el terrier Skye de estómago constantemente sonoro en el hotel City Arms. Molly haciéndole caricias en su regazo. ¡Oh el gran perrooguauguauguau!
El vino empapó y suavizó meollo de pan mostaza un momento queso nauseabundo. Buen vino éste. Sabe mejor porque no tengo sed. El baño, naturalmente, produce eso. Sólo un bocado o dos. Luego, a eso de las seis, puedo. Seis, seis. Habrá pasado el tiempo entonces. Ella…