Ulises
Ulises El vino reverberando sobre su paladar se demoraba tragó. Pisando en los lagares racimos de Borgoña. El calor del sol es. Como una secreta caricia diciéndome recuerda. Despertados sus sentidos humedecidos recordaron. Oculto bajo helechos silvestres en Howth[73]. Debajo de nosotros, la bahía cielo dormida. Ni un ruido. El cielo. La bahía púrpura hacia la punta del León. Verde por Drumlek. Verde amarillento hacia Sutton. Campos bajo la superficie del mar, líneas ligeramente oscuras entre los pastos, ciudades sepultadas. Apoyado sobre mi chaqueta tenía su cabello, insecto en un matorral mi mano bajo su nuca, me vas a despeinar toda. ¡Oh maravilla! Fresca y suave de ungüentos su mano me acarició: sus ojos sobre mí no me rehuyeron. Arrebatado sobre ella estaba yo, los labios llenos completamente abiertos, besé su boca. Am. Suavemente puso en mi boca el pastel caliente y masticado. Pulpa asquerosa que su boca había amasado dulce y agria con saliva. Alegría: yo la comí: alegría. Vida joven, los labios que se me daban haciendo mimos. Labios tiernos, calientes, pegajosos de jalea de encía. Flores eran sus ojos, tómame, ojos complacientes. Los guijarros cayeron. Ella estaba inmóvil. Una cabra. Nadie. Arriba sobre los rododendros de Ben Howth una cabra caminando firmemente, dejando caer pasas de Corinto. Cobijada en helechos ella reía en cálido abrazo. Salvajemente me acosté sobre ella, la besé; ojos, sus labios, su cuello estirado, palpitante, amplios senos de mujer en su blusa de velo de monja, gruesos pezones erguidos. Le metí mi lengua ardiente. Ella me besó. Recibí sus besos. Rendida agitó mi cabello. Besada me besó.