Ulises
Ulises A. E. lo ha dicho a algún entrevistador yanqui. ¡Muro, condenación, golpéame!
—Los maestros fueron primero discÃpulos —dijo Stephen supereducadamente—. Aristóteles fue una vez discÃpulo de Platón.
—Y asà ha quedado, según cabe esperar —dijo John Eglinton sosegadamente—. Uno puede verlo como un escolar modelo con su diploma bajo el brazo.
Rió de nuevo a la cara barbuda ahora sonriente.
Espiritual incorpóreo. Padre, Verbo y Hálito Santo. Padre[8] universal, el hombre celestial. Hiesos Kristos, mago de la belleza, el Logos que sufre en nosotros a cada momento. Esto en verdad es eso. Yo soy el fuego sobre el altar. Soy la mantequilla del sacrificio.
Dunlop[9], Judge, el romano más noble de todos. A. E., Arval, El Nombre Inefable en lo alto del cielo, K. H., su maestro, cuya identidad no es un secreto para los adeptos. Hermanos de la gran logia blanca siempre observando para ver si pueden ayudar. El Cristo con la hermanaesposa. Jugosidad de luz, nacido de una virgen a la que se ha dado alma, sophia arrepentida, ida al plano de los buddhi. La vÃa esotérica no es para persona común. O. P. tiene que eliminar primero el mal karma. La señora Cooper Oakley dio un vistazo una vez al elemental de nuestra muy ilustre hermana H. P. B.