Ulises
Ulises Repitió para el entrecejo recién formado de John Eglinton:
—Pièce de Shakespeare, ¿saben? Es tan francés, el punto de vista francés. Hamlet ou…
—El mendigo distraÃdo[18] —terminó Stephen.
John Eglinton se echó a reÃr.
—SÃ, supongo que asà será —dijo—. Gente excelente, no hay duda, pero angustiosamente cortos de vista en algunos asuntos.
Suntuosa y estancada exageración en el crimen.
—Robert Greene lo llamaba un verdugo del alma —dijo Stephen—. No en balde era hijo de un carnicero que esgrimÃa el hacha de matar y se escupÃa en las manos. Nueve vidas son sacrificadas por una: la de su padre. Padre Nuestro que estás en el purgatorio. Los Hamlets caqui no titubean al disparar. Los mataderos rezumando de sangre del quinto acto son una anticipación del campo de concentración cantado por el señor Swinburne.
Cranly, yo su mudo asistente, siguiendo batallas desde lejos.
Hembras y cachorros de sanguinarios enemigos
a quienes nadie
Excepto nosotros habÃa perdonado…
Entre la sonrisa sajona y la mofa yanqui. El diablo y el profundo mar.