Ulises
Ulises Describió un semicÃrculo en el aire con el espejo para comunicar las nuevas al exterior luminoso ahora de sol sobre el mar. Rieron sus labios curvos, recién afeitados, y los bordes de sus dientes blancos y relucientes. La risa se apoderó de todo su tronco fornido y macizo.
—MÃrate —le dijo—, bardo horroroso.
Stephen se inclinó y se contempló en el espejo que le ofrecÃan, agrietado por una rajadura torcida, con los cabellos en punta. Como él y otros me ven. ¿Quién me eligió esta cara? Este cuerpo de perro necesitado de desinfección. También me lo pregunta a mÃ.
—Lo robé del cuarto de la fregona —declaró Buck Mulligan—. Se lo merece. En obsequio a Malachi, la tÃa siempre elige criadas feas. No le tientes. Y su nombre es Úrsula[16].
Riendo otra vez, apartó el espejo de los ojos atentos de Stephen.
—¡Qué rabia tendrÃa Calibán[17] al no ver su imagen en un espejo! —exclamó—. Si Wilde estuviera vivo para verte…
Echándose para atrás y señalando, Stephen dijo con amargura:
—Es un sÃmbolo del arte irlandés. El espejo agrietado de un sirviente.