Ulises
Ulises —TenÃa una buena dosis de ingenio —dijo Stephen— y su memoria no era la de un truhán. Llevaba un recuerdo en su cartera[31] mientras caminaba trabajosamente hacia Romeville silbando La chica que dejé. Si el terremoto no le hubiera llevado el compás sabrÃamos dónde situar al pobre Wat, sentado en su guarida, el aullido de los sabuesos, la brida tachonada y las ventanas azules de ella. Ese recuerdo, Venus y Adonis, yace en el dormitorio de todas las noches de amor en Londres. ¿Es Katharine una arpÃa repulsiva? Hortensio la llama joven y hermosa. ¿Creen ustedes que el autor de Antonio y Cleopatra, un peregrino apasionado, tenÃa los ojos en el cogote para escoger la prostituta más fea de todo Warwickshire y acostarse con ella? Bueno, él la dejó y ganó el mundo de los hombres. Pero sus donceles mujer son las mujeres de un doncel. Su vida, pensamientos y palabras les son prestados por varones. ¿Eligió mal? Fue elegido, me parece a mÃ. Si otros tienen su voluntad, Ann tenÃa un medio. Voto a brÃos, ella tuvo la culpa. Ella lo sedujo dulce y veintiséis. La diosa de ojos grises que se inclina sobre el efebo Adonis inclinándose para conquistar, como prólogo al borrascoso drama, es una moza de rostro descarado de Stratford que tumba en un maizal a un amante más joven que ella.
¿Y mi turno? ¿Cuándo?
¡Ven!