Ulises
Ulises —SÃ, ¿de qué se trata? —respondió Buck Mulligan—. No me acuerdo de nada.
Hablaba mirando la cara de Stephen. Una brisa leve le pasó por la frente, abanicando con suavidad sus claros cabellos despeinados y despertando plateados puntos de ansiedad en sus ojos.
Stephen, deprimido por su propia voz, dijo:
—¿Recuerdas el primer dÃa que fui a tu casa después de la muerte de mi madre?
Buck Mulligan arrugó bruscamente la frente y contestó:
—¿Qué? ¿Dónde? No recuerdo nada. Sólo ideas y sensaciones. ¿Por qué? En nombre de Dios, ¿qué pasó?
—Estabas preparando té —dijo Stephen— y yo crucé el rellano para ir a buscar más agua caliente. Tu madre y algún visitante salieron de la sala. Ella te preguntó quién estaba en tu cuarto.
—¿S� —dijo Buck Mulligan—. ¿Qué dije yo? No recuerdo.
—Dijiste —contestó Stephen—: ¡Oh!, es tan sólo Dedalus, cuya madre ha muerto bestialmente.
Un rubor que lo hizo parecer más joven y atrayente cubrió las mejillas de Buck Mulligan.
—¿Eso dije? —preguntó—. Bueno, ¿qué hay de malo?