Ulises
Ulises Siguió andando. Oyó cómo Buck Mulligan golpeaba detrás de él los brotes de helechos o hierbajos con su pesada toalla de baño.
—Abajo, señor. ¿Cómo se atreve usted, señor?
Haines preguntó:
—¿Pagas alquiler por esta torre?
—Doce libras —dijo Buck Mulligan.
—Al secretario de Guerra del Estado —agregó Stephen, por encima del hombro.
Se detuvieron mientras Haines examinaba la torre y añadía en conclusión:
—Un poco fría en el invierno. Diría yo. ¿La llaman Martello?[40].
—Las hizo construir Billy Pitt —dijo Buck Mulligan— cuando los franceses estaban en el mar. Pero la nuestra es el omphalos.
—¿Cuál es su idea de Hamlet? —preguntó Haines a Stephen.
—No, no —gritó Buck Mulligan afligido—. No estoy a la altura de Tomás de Aquino y las cincuenta y cinco razones que construyó para apuntalarlo[41]. Esperad primero a que tenga unas cuantas cervezas dentro.
Se volvió hacia Stephen diciendo, mientras tiraba cuidadosamente hacia abajo los picos de su chaleco color prímula:
—¿No podrías arreglártelas con menos de tres cervezas, no es verdad, Kinch?