Ulises
Ulises Adonde me llevó Cranly para hacerme rico pronto, cazando sus ganadores entre los frenos embarrados, en medio de los gritos de los corredores de apuestas en sus casillas y el vaho de la cantina, sobre el abigarrado fango. Fair Rebel[19] a la par: diez a uno los otros. Jugadores de dados y tahúres corrÃamos detrás de los cascos, las gorras y las chaquetas rivales, dejando atrás a la mujer con cara de carne, la dama de un carnicero, que hundÃa el hocico sediento en su ración de naranja.
Del patio de los muchachos salÃan gritos agudos y un silbido zumbador.
Otra vez: un gol. Estoy entre ellos, entre el encarnizamiento de sus cuerpos trabados en lucha entremezclada, el torneo de la vida. ¿Quieres decir aquel patizambo nene de su mamá que parece estar ligeramente descompuesto? Justas. Los rebotes sacudidos del tiempo; sacudida por sacudida. Justas, fango y fragor de batallas, los helados vómitos mortÃferos de los degollados, un grito de puntas de lanzas cebándose en los intestinos ensangrentados de los hombres.
—Bueno —dijo el señor Deasy, levantándose.
Se acercó a la mesa, uniendo con un alfiler sus hojas. Stephen se puso en pie.
—He condensado el asunto —prosiguió el señor Deasy—. Se trata de la fiebre aftosa[20]. Dele una ojeada. No puede haber dos opiniones al respecto.