Ulises
Ulises —Siéntese. Discúlpeme —agregó volviendo la cabeza—. Los dictados del sentido común. Un momento nada más.
Atisbó, por debajo de sus cejas hirsutas, al manuscrito colocado junto a su codo, y murmurando entre dientes comenzó a picotear lentamente las tiesas teclas de la máquina, resoplando a veces cuando movÃa el rodillo para borrar un error.
Stephen se sentó sin hacer ruido frente a la presencia principesca[18]. Alrededor de las paredes, dentro de sus marcos, imágenes de caballos desaparecidos rendÃan homenaje con sus dóciles cabezas levantadas: el Repulse, de lord Hastings; el Shotover, del duque de Westminster; el Ceylan, prix de Paris, 1866, del duque de Beaufort. Jinetes fantasmas los montaban esperando una señal. Vio sus velocidades defendiendo los colores del rey, y mezcló sus gritos a los de multitudes desaparecidas.
—Punto —ordenó el señor Deasy a sus teclas—. Pero una rápida dilucidación de este importante asunto…