Ulises
Ulises —Yo también tengo sangre rebelde —afirmó el señor Deasy—. Por el lado de la rueca. Pero desciendo de sir John Blackwood, que votó por la Unión[16]. Somos todos irlandeses, todos hijos de reyes.
—¡Ay! —dijo Stephen.
—Per vias rectas —agregó el señor Deasy con firmeza—, tal era su lema. Votó por ella, y para hacerlo calzó sus botas de campaña, cabalgando desde Ards of Down hasta DublÃn.
Trota, trota, trota rocÃn,
el áspero camino a DublÃn[17].
Un tosco escudero a caballo con relucientes botas de campaña. Bonito dÃa, sir John. Bonito dÃa, su señorÃa… DÃa… DÃa… Dos botas de campaña, columpiándose, trotando a DublÃn. Trota, trota, trota, trota rocÃn.
—Esto me recuerda —dijo el señor Deasy— que usted, señor Dedalus, puede hacerme un favor por medio de alguno de sus amigos literatos. Tengo aquà una carta para la prensa. Siéntese un momento. No tengo más que copiar el final.
Se dirigió hacia su escritorio cerca de la ventana, arrimó su silla dos veces y leyó en voz alta algunas palabras de la hoja colocada en el rodillo de su máquina de escribir.