Ulises
Ulises —Quiero que eso se imprima y se lea —dijo el señor Deasy—. Ya verá como a la primera epidemia embargan el ganado irlandés. Y es curable. Está curado. Mi primo, Blackwood Price, me escribe que en Austria los especialistas de ganado lo tratan y curan corrientemente. Se ofrecen para venir aquÃ. Estoy tratando de conseguir influencias en el Ministerio. Ahora voy a probar con la publicidad. Estoy rodeado de obstáculos, de… intrigas… de… maniobras subterráneas, de…
Irguió el dedo Ãndice y con un gesto de viejo marcó el compás antes de que hablara su voz.
—Tome nota de lo que le digo, señor Dedalus —agregó—. Inglaterra está en manos de los judÃos. En todos los puestos más elevados: sus finanzas, su prensa. Y ellos son los signos de la decadencia de una nación. Dondequiera que se reúnan consumen la fuerza vital de la nación. Hace años que lo veo venir. Tan cierto como que estamos aquà de pie, los comerciantes judÃos están ya ocupados en su obra de destrucción. La vieja Inglaterra se muere.
Dio unos pasos rápidos, y sus ojos renacieron azules al atravesar un ancho rayo de sol. Dio media vuelta y volvió otra vez.
—Se muere —agregó— si no está ya muerta.
El grito de la ramera, de calle en calle
tejerá el sudario de la vieja Inglaterra[23].