El paciente
El paciente Se quitó los guantes con movimientos temblorosos, saliendo del quirófano como un hombre que acababa de cruzar un campo de batalla. Afuera, el hombre del traje negro lo esperaba, apoyado contra la pared con una expresión que mezclaba burla y satisfacción.
—Buen trabajo, doctor —dijo con una sonrisa torcida—. Pero sabe lo que esto significa.
Evans se giró hacia él, su cuerpo tenso, su voz baja pero cargada de ira. —Si le hacen algo a Julia, los encontraré. Y les juro que lo lamentarán.
El hombre inclinó la cabeza ligeramente, como si estuviera disfrutando del espectáculo. —Eso no depende de mí. Pero le aseguro que esto no ha terminado.
El hombre se fue, dejándolo solo en el pasillo. Evans sintió que sus piernas temblaban, pero se obligó a mantenerse en pie. Había tomado su decisión, pero el precio aún estaba por pagarse. Afuera, la ciudad seguía con su ritmo imparable, ajena a la tormenta que rugía dentro de él.
El reloj había dejado de contar, pero las consecuencias de su elección apenas comenzaban a desplegarse.