El paciente
El paciente Jerry interrumpió sus pensamientos. —Doctor, la presión arterial está subiendo. ¿Ajustamos?
Evans asintió automáticamente, pero algo en su interior gritaba. Un pequeño desliz, un segundo de duda, y todo acabarÃa. Su mirada cayó sobre las manos del paciente, los dedos que habÃan firmado órdenes, que habÃan movido al paÃs entero como piezas en un tablero de ajedrez. ¿ValÃa esa vida más que la de su hija?
—¿Doctor? —insistió Jerry.
Evans levantó la vista, sintiendo que el peso de todas las miradas estaba sobre él. Era un momento tan pequeño, tan insignificante, y sin embargo lo sentÃa como el centro del universo. Todo lo que habÃa hecho, todo lo que era, lo habÃa llevado hasta este instante.
Finalmente, tomó una decisión. Su mano se movió, precisa, rápida, realizando el ajuste necesario para estabilizar al paciente. No podÃa hacerle daño. No podÃa cruzar esa lÃnea.
El resto de la operación transcurrió en silencio. Cuando finalmente terminó, Evans dio un paso atrás, mirando el cuerpo del Presidente mientras el equipo cerraba la herida. Estaba vivo. Su trabajo habÃa sido impecable, como siempre. Pero sabÃa que, en algún lugar, alguien estaba esperando.