El paciente
El paciente Un suspiro pesado escapó de sus labios. Solo faltaban veinte minutos para el final de su turno, y el día ya había sido infernal. Pero el deber no conoce descanso. Se incorporó, luchando contra el peso de la fatiga, y se lavó la cara en el lavabo sin encender la luz. No quería verse. No quería enfrentarse al hombre que ahora habitaba el reflejo.
El pasillo del hospital Saint Claire estaba sumido en un silencio artificial, roto solo por el leve zumbido de los fluorescentes. La luz del atardecer se filtraba por las ventanas, pintando el suelo con manchas anaranjadas. Solía disfrutar de esa vista; ahora apenas levantaba la mirada del suelo. Algo dentro de él se había roto hacía tiempo, y aunque intentaba ignorarlo, el vacío seguía ahí, implacable.
—¿Le ha tocado el pandillero? —preguntó Jerry, un enfermero que lo saludó en el ascensor.
Evans asintió distraídamente mientras escuchaba al enfermero hablar de un tiroteo en Barry Farm. Siete muertos, varios heridos. Otra noche más en Washington. Pero cuando llegó al quirófano, lo que vio no fue solo un caso médico; fue el comienzo de un descenso que cambiaría su vida para siempre.
