El paciente
El paciente Jamaal Carter, un chico de dieciséis años, yacía en la camilla. El impacto de una bala había dejado su espalda destrozada, y aunque su vida no estaba en peligro, el daño en la columna lo condenaba a una silla de ruedas. Evans inspeccionó las radiografías, observando la bala incrustada cerca de la T5. Sabía lo que tenía que hacer: operar de inmediato. Pero la voz de Margo, la jefa de enfermeras, lo detuvo.
—La doctora Wong ha dado órdenes de estabilizarlo y trasladarlo. No vamos a operarlo aquí.
La política del hospital, la burocracia, las finanzas. Todo conspiraba contra aquel chico, y Evans sintió la familiar oleada de impotencia mezclada con furia. Pero no podía quedarse de brazos cruzados. Se aferró al teléfono y, con un tono tenso, dijo:
—Voy a operarlo. No tengo tiempo para discutir esto.
El quirófano se llenó de actividad frenética mientras preparaban al paciente. Pero antes de entrar, Evans hizo una última llamada. Svetlana, la cuidadora de su hija, respondió al otro lado.
—No llegaré a tiempo para cenar. Dile a Julia que lo siento.
El silencio que siguió a esas palabras fue un recordatorio cruel de las promesas rotas, del peso de sus decisiones. Cuando finalmente habló con su hija, su voz era suave, casi suplicante.
