Espía de Dios
Espía de Dios Poco después, varios cardenales renuncian discretamente. La Iglesia emite comunicados ambiguos. El nuevo Papa, Mura, pronuncia un discurso público hablando de “purificación” y “reforma estructural”. Pero nunca menciona a Karoski. Nunca reconoce la verdad.
Karoski es trasladado a una prisión secreta. Lo último que Paola escucha de él es un susurro, antes de que cierren la puerta de acero:
—Hay otros como yo. Solo necesitan una razón.
La amenaza no está en su voz. Está en la certeza de su mirada. Como si supiera que su historia apenas fue el primer eco.
Paola regresa a su apartamento. Se sienta sola, con una copa de vino y los archivos aún abiertos sobre la mesa. Mira una foto de su infancia, arrugada en el bolsillo de su abrigo.
Finalmente, escribe su propio testimonio. No como inspectora. Como mujer. Como sobreviviente.
El libro que nacerá de esas palabras no será un informe. Será una confesión. Una llama en medio de una estructura hecha de secretos.
Fowler, por su parte, comienza una nueva vida. En silencio. En una iglesia olvidada, en un barrio pobre. Donde no hay sotanas doradas ni tronos de mármol. Solo personas rotas… buscando algo en qué creer.