EspÃa de Dios
EspÃa de Dios Poco después, otro cardenal aparece muerto. Mismo ritual. Ojos fuera. Manos fuera. Otro mensaje bÃblico con sangre: Non est volentis neque currentis, sed miserentis Dei . El asesino cita a San Pablo. Y con cada muerte, se burla de la misericordia divina.
Paola no puede dormir. No puede comer. El asesino está dentro del Vaticano. Se mueve entre túnicas y oraciones. Y ella lo siente, lo percibe en las paredes, en las miradas furtivas de los sacerdotes.
Fowler propone un ángulo inesperado. Conoce la existencia de Karoski desde su etapa en el Instituto Saint Matthew. Lo consideraban un paciente modelo. Pero escondÃa algo más.
—Tiene una mente entrenada. Fue médico en Kosovo. Vio cosas que retorcieron su alma. Y luego… la Iglesia lo acogió.
—¿Y ahora nos está castigando por eso? —Paola lo mira como si intentara leerle el alma.
—No. Él cree que está salvando a la Iglesia. A su manera.
Las pistas los llevan a un archivo secreto dentro del Vaticano. Allà descubren un informe clasificado: Karoski denunció abusos sexuales a menores por parte de altos jerarcas. Fue silenciado. Recluido. Invisible. Y ahora, ha decidido hablar... con sangre.
