El loco
El loco Pero el peligro no está solo en lo esotérico. Milei también justifica su accionar político con esas creencias. Dice que su entrada a la política no fue una decisión racional, sino una orden celestial. En su universo, no hay espacio para el diálogo ni para la crítica: quien lo cuestiona es “enemigo”, “traidor” o “casta”. Su intolerancia se traduce en expulsiones masivas, ataques a periodistas, desprecio por las instituciones y una retórica que alimenta el odio.
La combinación entre su desequilibrio emocional, su dogmatismo ideológico y el uso de la violencia simbólica (y en algunos casos física, a través de barras o punteros) revela a un líder peligroso, capaz de dinamitar las bases democráticas. En su figura conviven el salvador mesiánico, el guerrero solitario y el fanático que cree tener la verdad absoluta. En un país frágil y desencantado, esa mezcla puede encender fuegos difíciles de apagar.
La pregunta final no es si Milei está loco. La pregunta es qué pasa cuando un país desesperado deposita su esperanza en alguien que se declara como tal.