Pedro Páramo
Pedro Páramo “¿Lo entiendes ahora?” Una voz surgió de entre los ecos, y, al girarme, vi a Dorotea, quien se mantenía erguida, envuelta en sombras. Me miraba con una mezcla de compasión y resignación. “Él… él es todo esto. Nos dejó con las manos vacías, y al final se llevó hasta nuestras sombras, porque nada escapaba a su dominio.”
“¿Cómo es posible?” pregunté, aunque sabía la respuesta. Pedro Páramo no era un hombre al que pudiera buscar, enfrentar o desafiar. Su legado iba más allá de un cuerpo; era un reinado oscuro que se había apoderado de cada alma, de cada espacio de Comala, y que los mantenía atrapados, incapaces de encontrar descanso.
“Porque él no se conformaba con ser dueño de la tierra,” respondió Dorotea, su voz apenas un susurro. “Él necesitaba ser dueño de todo. Quería que cada suspiro, cada lamento, cada rincón le perteneciera. Y lo logró… nos convirtió a todos en sus fantasmas.”